Hombre de Plata
03-12-2011, 12:33 AM
Me pareció algo muy interesante. No lo conocia, así que acá lo comparto.
Gyrobus: cómo era viajar en el colectivo con sistema Kers de los años ‘50
https://lh5.googleusercontent.com/-zAoiwh0FciY/TXitaKs0q5I/AAAAAAAAQ9I/wClFUhyKWLs/s1600/GYROBUS1.jpg
Texto de Federico Kirbus (http://www.kirbus.com.ar)
En la década de los ‘50 me movía entre el Departamento de Prensa de la Daimler-Benz en Stuttgart -como jefe y único empleado del Sector Español, donde oficiaba de intérprete de Juan Manuel Fangio- y la redacción de la Automóvil Revue, revista especializada suiza que, por su objetividad, es hasta hoy lectura obligada para los mandamases de la industria automotriz europea.
Suiza era por entonces, tan poco tiempo después de la guerra, un oasis paradisíaco donde por caso todas las monedas en circulación eran de plata 925 y donde podían verse maravillas como aquel ómnibus que, según afirmaban, se desplazaba por las calles silenciosamente, sin motor, como impulsado por fuerzas sobrenaturales.
¿Sin motor? Decidí conocer este singular vehículo y de Berna me fui a Yverdon-les-Bains, un diminuto poblado termal en la Suisse Romanche (donde se habla francés), para saber más del enigmático Gyrobus.
La idea no era totalmente nueva porque fue ensayada en el trasporte público de Berlín a comienzos del Siglo XX y hasta en locomotoras, por la escasez de combustible durante la guerra, pero nunca en un ómnibus de servicio regular de pasajeros.
Yverdon y Grandson eran las dos localidades donde se realizaba el interesante experimento: allí circulaba un ómnibus sin motor ni tampoco cableado eléctrico como para los tranway o trolebuses. El tránsito callejero era de todos modos escaso, porque para el Gyrobus resultaba crítica cualquier demora por atascamiento.
Nunca fue barato usar el trasporte público en Suiza, y encima pagadero en monedas de plata. Pero era el caso de abordar el Gyrobus para conocerlo. Del tamaño como para llevar setenta pasajeros (la mitad, de pie), desarrollaba hasta 60 km/h.
Cada cinco kilómetros, mas o menos, estaba instalado un poste donde el vehiculo se detenía por unos minutos, conectaba su toma a la red y recargaba su impulsor, que a su vez accionaba un generador eléctrico.
Este impulsor era un enorme volante inercial de tres toneladas de masa que, con un zumbido apenas perceptible rotaba inicialmente a 3.000 rpm (¡50 giros por segundo!).
El andar con el Gyrobus, que llegó a usarse también en Kinshasa (Congo), Gante (Bélgica) y en Suecia, era por demás agradable, silencioso y desde luego libre de contaminantes.
Sólo en curvas y esquinas ocurría algo que el entendido percibía: el chofer encaraba los virajes casi deteniéndose antes, y luego recorriéndolos a paso de hombre por el fuerte efecto giroscópico del pesado volante. En efecto, ¡el Gyrobus no rolaba! Y es más, casi increíble: ¡tampoco podía volcar mientras el volante rotaba y actuaba su precesión giroscópica!
Eso sí: cuando había que trepar por una pendiente pronunciada, al mantener su posición inalterable respecto del centro de la Tierra tendían a despegarse del piso las ruedas posteriores (al subir) o las delanteras (en descenso).
Más adelante se desarrollaron versiones del Gyrobus que prescindían de las estaciones de recarga, pero utilizaban un motor gasolero para impulsar el giróscopo. Eran verdaderos híbridos.
Los equipos Kers modernos de las máquinas de Fórmula 1 son más livianos (pesan unos diez kilos), giran hasta 100 mil veces por minuto y sirven en situaciones límite para conferir un impulso adicional a una máquina Grand Prix. Puedo dar fe de que es una sensación agradable, como los posquemadores en el Concorde.
Y una curiosa referencia: el volante del Gyrobus pesaba 300 veces más que un volante Kers, que a su vez gira unas 300 veces más rápido que el rotor de aquél. Son cuatro datos sin relación directa entre sí, pero llamativos.
https://lh5.googleusercontent.com/-62pzPQP2Rxo/TXitZcefi_I/AAAAAAAAQ9E/cdLd-j8kMoo/s1600/gyrobus3.JPG
https://lh4.googleusercontent.com/-Aashi_kSJeQ/TXitakR9Y5I/AAAAAAAAQ9M/d4g0ZaN6X_0/s1600/gyrobus2.jpg
El enorme giróscopo del Gyrobus estaba ubicado en el centro del vehículo. Pesaba 3.000 kilos y giraba a 3.000 rpm.
Gyrobus: cómo era viajar en el colectivo con sistema Kers de los años ‘50
https://lh5.googleusercontent.com/-zAoiwh0FciY/TXitaKs0q5I/AAAAAAAAQ9I/wClFUhyKWLs/s1600/GYROBUS1.jpg
Texto de Federico Kirbus (http://www.kirbus.com.ar)
En la década de los ‘50 me movía entre el Departamento de Prensa de la Daimler-Benz en Stuttgart -como jefe y único empleado del Sector Español, donde oficiaba de intérprete de Juan Manuel Fangio- y la redacción de la Automóvil Revue, revista especializada suiza que, por su objetividad, es hasta hoy lectura obligada para los mandamases de la industria automotriz europea.
Suiza era por entonces, tan poco tiempo después de la guerra, un oasis paradisíaco donde por caso todas las monedas en circulación eran de plata 925 y donde podían verse maravillas como aquel ómnibus que, según afirmaban, se desplazaba por las calles silenciosamente, sin motor, como impulsado por fuerzas sobrenaturales.
¿Sin motor? Decidí conocer este singular vehículo y de Berna me fui a Yverdon-les-Bains, un diminuto poblado termal en la Suisse Romanche (donde se habla francés), para saber más del enigmático Gyrobus.
La idea no era totalmente nueva porque fue ensayada en el trasporte público de Berlín a comienzos del Siglo XX y hasta en locomotoras, por la escasez de combustible durante la guerra, pero nunca en un ómnibus de servicio regular de pasajeros.
Yverdon y Grandson eran las dos localidades donde se realizaba el interesante experimento: allí circulaba un ómnibus sin motor ni tampoco cableado eléctrico como para los tranway o trolebuses. El tránsito callejero era de todos modos escaso, porque para el Gyrobus resultaba crítica cualquier demora por atascamiento.
Nunca fue barato usar el trasporte público en Suiza, y encima pagadero en monedas de plata. Pero era el caso de abordar el Gyrobus para conocerlo. Del tamaño como para llevar setenta pasajeros (la mitad, de pie), desarrollaba hasta 60 km/h.
Cada cinco kilómetros, mas o menos, estaba instalado un poste donde el vehiculo se detenía por unos minutos, conectaba su toma a la red y recargaba su impulsor, que a su vez accionaba un generador eléctrico.
Este impulsor era un enorme volante inercial de tres toneladas de masa que, con un zumbido apenas perceptible rotaba inicialmente a 3.000 rpm (¡50 giros por segundo!).
El andar con el Gyrobus, que llegó a usarse también en Kinshasa (Congo), Gante (Bélgica) y en Suecia, era por demás agradable, silencioso y desde luego libre de contaminantes.
Sólo en curvas y esquinas ocurría algo que el entendido percibía: el chofer encaraba los virajes casi deteniéndose antes, y luego recorriéndolos a paso de hombre por el fuerte efecto giroscópico del pesado volante. En efecto, ¡el Gyrobus no rolaba! Y es más, casi increíble: ¡tampoco podía volcar mientras el volante rotaba y actuaba su precesión giroscópica!
Eso sí: cuando había que trepar por una pendiente pronunciada, al mantener su posición inalterable respecto del centro de la Tierra tendían a despegarse del piso las ruedas posteriores (al subir) o las delanteras (en descenso).
Más adelante se desarrollaron versiones del Gyrobus que prescindían de las estaciones de recarga, pero utilizaban un motor gasolero para impulsar el giróscopo. Eran verdaderos híbridos.
Los equipos Kers modernos de las máquinas de Fórmula 1 son más livianos (pesan unos diez kilos), giran hasta 100 mil veces por minuto y sirven en situaciones límite para conferir un impulso adicional a una máquina Grand Prix. Puedo dar fe de que es una sensación agradable, como los posquemadores en el Concorde.
Y una curiosa referencia: el volante del Gyrobus pesaba 300 veces más que un volante Kers, que a su vez gira unas 300 veces más rápido que el rotor de aquél. Son cuatro datos sin relación directa entre sí, pero llamativos.
https://lh5.googleusercontent.com/-62pzPQP2Rxo/TXitZcefi_I/AAAAAAAAQ9E/cdLd-j8kMoo/s1600/gyrobus3.JPG
https://lh4.googleusercontent.com/-Aashi_kSJeQ/TXitakR9Y5I/AAAAAAAAQ9M/d4g0ZaN6X_0/s1600/gyrobus2.jpg
El enorme giróscopo del Gyrobus estaba ubicado en el centro del vehículo. Pesaba 3.000 kilos y giraba a 3.000 rpm.